Volver a sentirse especial

Era volver a sentirse especial. Al final todo se resume en eso. Te conocí de forma casual, o más bien te reconocí, porque el ambiente había sido el mismo desde hace tiempo. Pero esta vez me hablabas de forma diferente, y a mí no me disgustaba que lo hicieras. Sé que había un nerviosismo por escribirme, y notaba tu alegría cuando lo hacía. Te empecé a gusta muchísimo. Sentiste esa pieza del puzle que te faltaba, ¿verdad? Y yo lo sabía. Sabía el poder que tenían mis caricias y promesas de futuro. Eso sí, un futuro incierto porque la verdad estaba ahí detrás: que no lo iba a ver.
Tu no querías admitirlo por miedo que desapareciera de tu cama. Yo no quería perder aquello que me hacías sentir: que era la ostia para tus ojos y una ansiedad si dudaba.

 

Ese poder no se tiene siempre. Y me hacía falta. Como a ti también me rompieron. Fuiste agua fresca para el calor insoportable de mi pueblo en agosto. Fuiste noche y desayuno. Pero la realidad es que era todo clandestino. Era también la historia que solo se vivía en tu piso. Era el apartar la mano si íbamos por la calle. Era ese beso seco que se daba por dar. Pero no querías verlo. Decía que necesitaba tiempo. Tú me creías. Al final lo que más cuesta es soltar las promesas que nos ofrecen.

 

Sin querer te lo crees. Piensas que puedes estar con esa persona. Te convences porque es alguien estupendo. Dudas de si vas a encontrar algo mejor. Incluso hay días que parece que estás en pleno enamoramiento. Besas sin querer que se vaya. Incluso cierras los ojos y te convences de que ya no estás follando sino que estás haciendo el amor.

 

Y la ceguera era que no hacías el amor sino una mentira. Un bonito teatro para convencerte de que el amor existe y que podías sobrevivir a esa fábula creada. Claro que no se quería causar dolor. No había malas intenciones. Nadie las tiene. Hasta que pasa el tiempo y el karma te pone en la situación inversa, imagino. La realidad es que así es como se crea la verdadera empatía, con dolor.

 

No soltaste la rosa porque era bella sin pensar en las espinas que te hacían sangrar. No creíste en lo que decías: que esto debería de ser más sencillo. Que en el amor fue inventado para tocar mucho y pensar poco.

Y es así.

Al final solo era por sentirse especial, es complicado soltar esa sensación. Sentir que para los ojos de alguien eres todo un mundo. Dejar marchar esa gran sonrisa que solo aparece cuando tocas un timbre. Despedirse de alguien que siempre está ahí. Hasta llegar a una crueldad que no sabías que tenías. Solo queda arrepentirse y pensar lo que me dijo una paciente.

 

“Te mereces que te quieran tan bien, que no sientas la duda”.

 

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