Restos de olor

 

No sabes lo que significa. Si lo supieras, seguramente dejarías de hacerlo. Crees que es el gesto de acercarse y besarme. Cree que es sonreírme mientras dice “Eva..”. 

No,  Marcos, no es eso. Es como te concentras mientras cortas el pan para las tostadas. Es lo lento que eres para preparar un simple desayuno. Son las ganas de querer terminarlo para comerte la boca. Pero tú de eso no te das cuenta, y eso también me gusta de ti. No te hace falta eso para invitarme a tu casa. No eres consciente de lo raro que es que no me esperes en tu puerta. 

Marcos, es cuando me descubres mirándote y te vuelves rápido, no sin antes ver que que se te escapa una pequeña sonrisa. 

Es el pequeño gemido que haces cuando te agarro por detrás de tu cintura.

No te enteras.

¿No sabes que el olor a pan es mi favorito? es que sigues sin terminar y yo con más ganas de comerte la boca.

Es tu torpeza para darte cuenta. Es tu saludo que escucho mientras cierro la puerta. Es lo largo que se me hace tu pasillo antes de ver si me recibirá una mala cara o una o unos ojos achinados. Es lo corto que se me hace cuando me voy y  sé que no te voy a ver en todo el día. 

Y sí

Por fin lo has averiguado.

Es el café. Pero no ese que preparas en esa taza amarilla que le falta mi nombre. No. Date cuenta de cuál es.

Es justo el que pruebo cuando terminamos. 

Es ese pequeño olor que siento cuando te voy a besar, con mis labios con mantequilla. Ese es el café. El de tus labios. Ese sabor final que queda para ti y para mí que sabe a principio.

Es el pequeño sabor de la mañana que hace que amanezca el día. 

 

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