Cuando mueren los valores

“Dios ha muerto”. No lo digo yo. Lo anunció Nietzsche hace unos años. “Y lo hemos matado nosotros”. Lo dijo con fuerza. Con toda la avidez de un hombre que estaba dispuesto a encontrar la verdad por encima de todas la cosas. Era todo perfecto.

Pero las personas no lo hemos entendido bien…

El filósofo no era un ateo perseguidor de cristianos. No era un inquisidor de los valores de la iglesia. Este hombre tenía cosas mejores que hacer como escribir grandes libros y elogiarse él mismo como el que no tiene abuela. Pero no vamos a tratar esto. Intentemos dilucidar el mensaje que nos quiso mandar. No se trata de quemar La Biblia, se trata de observar como en el siglo XX los valores de la iglesia empezaron a ser obsoletos en una sociedad como la que vivió. O mejor dicho no servían ya de guía en aquellos momento. Lo que el filósofo nos quería hacer ver, es que dichos valores ya no estaban en la sociedad y no se habían buscado unos nuevos. Esos valores “murieron” y seguíamos viviendo como si nada.

¡Qué gran símil! ¡Que virtuoso este autos que supo darse cuenta del funcionamiento de la psique humana! Esta no es una admiración en contra de los valores cristianos (para nada), es destacar la importancia que tiene la revisión de nuestros valores en nuestra vida. La sociedad no los ha observado y estamos pasando los días con un mayor índice de neurosis, narcisismo y ataques de ansiedad por no poder controlarlo todo.

Con el cristianismo teníamos valores (algunos muy humildes, otros confusos) y esto guiaba a un pueblo. Guiaba al hombre a buscar su sentido (aunque el molde nos lo impusieran). Vencimos esa dictadura de valores, pero, ¿para qué? ¿Qué hemos conseguido ahora?

Cuando le preguntas a alguien que opina de la vida, parece que le duele pensarlo. Cuando a los pacientes les pide que exploren los valores te responden: “no quiero rallarme la cabeza”. Y al cabo de un tiempo cuando tenemos un obstáculo…no tenemos nada a lo que aferrarnos.

En mi infancia recuerdo a los grandes héroes de las películas, cómics, series… Lo que tenían en común no eran sus poderes, sino sus valores. Cuando estaban malheridos y a punto de fallecer recordaban porqué estaban así. Entonces sacaban fuerzas de donde fuere.

Los valores son una cualidad humana. Han hecho que creemos una cultura. Pero en nuestra salud mental es también una guía para saber el porqué hacemos lo que hacemos. Es inherente a nuestra condición preguntarnos alguna vez este tipo de cuestiones. Al fin y al cabo, son nuestro valores internos los que nos dicen verdaderamente quiénes somos.

Decía Nietzsche que Dios ha muerto. Muchas veces nos hemos reído de él. Pero, ¿y nuestra deidad interna? ¿Sigue viva? ¿Sabemos cuáles son nuestros valores verdaderamente?

Muchas veces los “matamos” por cumplir las expectativas de otros. A veces es casi imposible no hacerlo.

Puede que lo importante es que cuando lo hagamos duela.

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