Verte

Me dijeron que el amor es como las mariposas: si intentas atraparlas se irán y si te quedas quieto se posarán en ti. Lo que yo no sabía es lo extremadamente difícil que puede llegar a ser no intentar atrapar aquello que quieres que dure eternamente. 

Es entonces cuando te miro trabajar, en la distancia, a dos metros de ti; intentando no hacer ruido con mi teclado mientras suena el tuyo. Y miro. Y no dejo de mirar, porque cuando te equivocas sonríes como si tuvieras ocho años y estuvieras en un recital. Comprendo entonces que no puedo mirar mi pantalla cuando escribo porque significaría perderme eso. Un riesgo que como entenderás no estoy dispuesto a asumir. Así que, si hay faltas de ortografía disculpa, es por culpa de tus ojos.

Por cierto, me acabas de pillar mirándote. Me has pillado entero. Gracias a Dios tengo capacidad de drama ( y de dramático), por ello he puesto una cara confusa. 

La verdad: no sé si quiero que termines o que sigas con ese rostro que pasa de mi presencia. O tal vez puedes concentrarte porque ya estoy aquí, quién sabe. El caso es que sigo esperando que me digas mi nombre para yo pronunciar el tuyo. Imagino que en ese momento te levantarás, sonreirás tímidamente y te acercarás a mí. 

Todo esto lo supongo, porque si no lo hiciera ahora mismo sería yo el que se levantara y acudiera a ti para atrapar el momento en un abrazo. Pero sería interrumpir lo que es primero y tengo que admitir mi rango. 

La duda es si estos momentos se repetirán. O tal vez este era EL MOMENTO.

Puede que se quede en un “me voy”. 

O tal vez esas últimas palabras las eliminemos de nuestros diccionarios.

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