Sus dudas que son las mías

Ha llegado, dice que para quedarse.

Creía que lo difícil era que me dijera que me quería. Luego me di cuenta que lo difícil era creérmelo. Lo dice, titubeando entre la sonrisa y la seriedad, como verdaderamente se dice un “te quiero”. 

Se va, dice que para volver.

Describe mi sonrisa, dice que la ve poco y que le gustaría verla más. Sé que le gusta porque en ese momento, cuando yo no me doy cuenta, empieza a desabrocharme los botones de la camisa.

Se queda, por fin ha llegado.

He encontrado esa sensación que todos alguna vez llamamos “única”. Esa excitación que culminarías constantemente pero que nunca se sacia. Tú seguro que la conoces. Tienes un mal día y solo te falta ver a esa persona para que los problemas sean banales. 

Vuelve, y sé que se irá

Dice que soy negativo por pensar siempre eso. Cuesta pensar que alguien así se va a quedar. Cuesta pensar que lo bueno no puede romperse. A mi me ha enseñado que somos expertos haciendo nuevas formas con papeles rotos.

Vuelve y quiere quedarse

Quiere dormir en tu hombro, despertarse a mitad de noche empapada en sudor y decidir si apartarse de ti o ahogarse con un calor del que no quiere despedirse. Su deseo es despertarse más tarde que tú y que no te moleste. 

Ha llegado y no se irá

Porque su pijama no se desprende de su olor y es fácil tenerlo a mano cuando no está. Huele igual que su pecho desnudo. Ella no lo sabe, pero yo tengo algo que ella no puede hacer: olerse. Es algo que se pierde, una virtud que en mi memoria no se irá.

Ha llenado un domingo de vacíos con el calor que ha vencido el invierno. Ahora mismo cada recoveco has conseguido ponerle nombre y todos ellos llevan tu marca.

Estás consiguiendo que solo me salga una frase: no te vayas.

¿El mejor regalo? Cuando pronuncias el conjuro como respuesta: no me voy a ir.

 

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